No tengo prisa en escribir lo que aun no puedo escribir.

 

Sé que debo de empezar por el principio y no por el final, pero es ésto último, lo primero que se visualiza en mi mente.

 

Mi personalidad está sufriendo muchos cambios, -tantos como el calentamiento global- al grado de llegar a creer que estoy perdiendo la razón.

El sol enfría mis ideas, mientras que en la oscuridad se fortalecen.

En mi habitación llena de soledad, todo está de cabeza y nada en su lugar. Mi perro ya no me ladra, ahora solo me maúlla. Los ratones persiguen a los gatos y el perico se ha quedado mudo.

Todo va tan mal, que hasta la tristeza se está volviendo mi felicidad.

Me resisto a aceptar que estoy enfermándome emocionalmente y, a su vez, perdiendo el equilibrio de la situación y el mismísimo rumbo de mi vida. Es evidente que los latidos de mi corazón cada vez son más lentos y aun así me empeño en arrojarme al vacio e intentar volar sin alas.

Ya no mido consecuencias. Mi ceguera mental sigue ignorando las leyes de la física... Y yo sigo utilizando brújulas inservibles que solo me orientan al camino equivocado. Pero yo, ya no puedo perderme, porque perdido ya estoy.

Por ahora prefiero no saber lo que hago ni lo que digo...

Prefiero estar loco...

Pero loco no estoy...

y sin embargo mis palabras fluyen sin una dirección y sin sentido.

Insisto, loco no estoy...

Pero... ya me falta poco.